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A veces pienso...

Reencuentro

Hoy, cuando caminaba por la Avenida César Augusto, desde la Audiencia Provincial en el Coso, en dirección a los Juzgados de la Plaza del Pilar, he tenido un grato reencuentro. Acababa de finalizar una conversación por el teléfono móvil con un compañero que me pedía auxilio con su ordenador de su despacho, cuando lo he visto. Lo he reconocido casi instantaneamemte por la nuca y el cabello. Acelerando el paso, lo he adelantado, me he girado disimuladamente y lo he mirado a los ojos. El también me ha reconocido en el acto.

Era un profesor que tuve en segundo de bachillerato, de francés, para más señas, y tutor de mi grupo. Joven, exigente, pero buen profesor. Recuerdo que fue el único que se atrevió a acompañarnos en nuestro viaje de estudios al finalizar el bachillerato.

Nos saludamos con sincera alegría -se nota en la calidad del apretón de manos- y nos preguntamos mutuamente por nuestra vida en estos últimos... calculamos, casi veinte años. Me dice que esta destinado en Roma, en la casa central de su orden y que esta de vacaciones en Zaragoza para ver a la familia. Me indica que hace funciones de traductor simultáneo francés-español y español-francés cuando hay conferencias y juntas internacionales y el resto del tiempo a traducciones de escritos y documentos. Yo le cuento a lo que me dedico, que tengo dos niños, mi profesión. Es un encuentro agradable. nos despedimos en la puerta de los Juzgados, deseando que para el próximo reencuentro no pasen veinte años.
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