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A veces pienso...

Crónica de más de una semana

Bueno, como lo prometido es deuda, y aún quebrantando mi descanso pontonero desde Muel, voy a contar en somero resumen mis andanzas estas últimas semanas.

Para ello he debido desempolvar mi portátil arrastrarlo hasta aquí. Hacía mucho tiempo que no tecleaba nada con él, con la cantidad de horas que le he dedicado y los cientos de folios que he parido con sus teclas.

En fin, vamos al lío. Para no dejarme nada he traído mi agenda, don de dejo testimonio de casi todo lo que hago.

El primer día de marzo recibí a la viuda de Miguel, para ir preparando su declaración de herederos abintestato. De esa visita surgió algo, que si bien no fue inesperado, por que ya se venía cocinando, pero que se terminó de hornear en esa visita.

He cambiado de coche, abandono mi Ford Escort en manos de mi esposa, y yo me hago con el Opel Omega 2.5 CD V6 seminuevo que conducía Miguel. Su esposa me comentó que lo iban a vender, por lo caro que resultaba el mantenimiento para sus hijos, y yo, irreflexivamente le pregunté cuanto y me lo quedé.

Después de unas semanas conduciendo el vehículo, estoy enteramente satisfecho de la compra. En el Escort conducía con las rodillas prácticamente en las mejillas, y si se montaba alguien de más de un metro cincuenta de estatura en el asiento trasero, era el o yo, alguien se tenía que bajar o aprender un curso rápido de contorsionismo.

Ahora, con independencia de que el vehículo es mucho más nuevo y más rápido, es sobre todo mucho más cómodo para mi.

En otro orden de cosas, al día siguiente, dos de marzo, me llegaron dos cosas por turno de oficio penal. Una muy divertida. Recurrir una sentencia que había absuelto al propietario de un perrillo de esos pequeños (creo recordar que un cocker), de una falta provocada al destrozar el animal los bajos del pantalón de un vecino.

En veinte minutos estuvo el recurso listo para presentar. Tarde más tiempo en explicarle al cliente que documentación tenía que aportar al mi Colegio para acreditar su derecho al turno de oficio que en hacer el recurso.

También me pasaron una ejecución de sentencia de una asunto relativo a unas lesiones ocurridas a caballo entre el Club Náutico de Zaragoza, muy de moda ahora para los noctámbulos, y el propio templo del Pilar. No tiene el caso mucha chicha por que esta ya casi acabado, y he entrado debido a la renuncia de una compañera..

El día tres, unos abuelos gitanos, que no se muy bien como tienen una tarjeta mía, me llaman y me piden cita en el despacho para obtener la guardia y custodia de sus nietos ante el desamparo en que sus padres los han dejado. Que nadie se llame a engaño cuando hablo de abuelos. La abuela tiene mas o menos la edad de mi mujer, es decir, menos de cuarenta años. El asunto de momento esta parado, pero ya iré contando más si se reaviva, por que creo que así será, pues me consta que la pareja ha pasado ha hacer poderes al notario.

El fin de semana del seis al siete fue maratoniano. Se celebraba el cumpleaños de mi hijo en dos sesiones: El sábado por la mañana, jornada normal: partido de fúltbol sala en el que, a pesar de jugar horrorosamente mal, ganaron 1-4 a un rival teóricamente muy inferior.

Por la tarde empezó el desmadre. Sin apenas tiempo para comer, al Parque de Atracciones con veinte chiquillos a la celebración del cumpleaños. Con independencia de la “rascada” de cartera que eso supone, incluido agasajar a los padres acompañantes y organizar junto con mi mujer merienda, acompañamiento a atracciones, duchas varias en atracciones acuáticas, resolver conflictos y peleas...etc.

Al día siguiente, celebración matinal más relajada de cumpleaños en parque infantil de esos de bolas y toboganes. Esta vez con invitados familiares: primos y tíos. Bueno, lo de más relajada entre comillas. Uno que tiene fama de tío guay, tiene que mantener la reputación participando en las guerras de bolas, tirándose por los toboganes con los más pequeños, en fin, acabando con la camisa por fuera y sudando como un cerdo, y con el anuncio de las agujetas del día siguiente. Este año por lo menos nos libramos de ir a comer después.

El lunes y el martes, 8 y 9, fueron rutinarios, salvo la preparación de una demanda laboral en defensa de una trabajadora, con pocas probabilidades de éxito, pero, como lña chica es amiga, pues bueno, vamos a ello.

El miércoles diez estuvo también pleno de trabajo rutinario pero intenso, sin nada digno de comentar, salvo quizás el inicio de una negociación con, otra vez, el abogado de Comisiones Obreras, que ya veremos como quedará, y el principio del fin de un asunto del año pasado, que parece en vías de solución.

El 11 por la mañana salí de casa asqueado por las primeras noticias del atentado, que atribuí (si, yo también) a ETA. Nada podía hacer pensar en la magnitud que acabó teniendo a esas horas.

Tras acudir a los juzgados y al Registro de la Propiedad, el aumento de fallecidos y la magnitud del atentado, según me van comentando los funcionarios, va tomando proporciones terroríficas.

Me encuentro con otro abogado, compañero de master en su día, y me indica que ya van cien muertos.

Había quedado con mi mujer para tomar café en el centro, y le comento las horrorosas noticias. En la cafetería observamos la televisión y las primeras imágenes de la tragedia.

Empiezo a hacer las primeras reflexiones. Le comento a mi mujer que me parece difícil que ETA tenga semejante capacidad operativa, vistas las noticias de las últimas detenciones, y lo chapuceros que últimamente son. Se habla de trece bombas y eso no le hacen tres ni cuatro terroristas solos. Eso sin contar el enorme agujero de seguridad de RENFE.

Sobre la una del mediodía ocurre algo que me alejará por unos días del seguimiento de los atentados.
Al revisar el correo electrónico, encuentro uno de una compañera madrileña de la Asociación de Abogados en Internet. Me indica que tiene algo para mi y que la llame al móvil.

Tras hacerlo, me pasa una caso un poco oscuro. Tráfico de drogas. Si bien no es la primera vez que defiendo por tráfico, siempre había sido por hachis y pequeñas cantidades. Esta vez es cocaína, un kilo, y son colombianos.

Me lo pienso durante cinco segundos, y me digo –al demonio, ¿por qué no?- y acepto.

Tras una primera aproximación al juzgado de guardia, un primer vistazo al atestado y la petición de venia al abogado del turno de oficio, me convierto oficialmente en el abogado de un narco colombiano de paso por Zaragoza.

La asistencia en el Juzgado comienza a las 18:30 de la tarde. Llego con mi coche a la Plaza del Pilar, y al entrar al parking me someto gustoso al control de la Policía Nacional de todos los vehículos que accedían al parking, situado bajo el fin de la manifestación que se celebraba al tiempo y a la misma hora en toda España.

Sobre las 18:45 ya estoy en el juzgado de guardia para asistir a mi narco. Estuve hasta las 1:30 horas del día siguiente. Las llamadas telefónicas de su esposa eran constantes, Al final tuve que pronosticar lo que era inevitable. Mi defendido iba a ir a prisión provisional salvo sorpresa de última hora.

Así fue efectivamente. Se lo comuniqué antes y me miró con ojos apenados. Tengo la convicción de que no es más que una “mula” y aquello le venía grande.

Tras dejar a mi defendido en el autobús gratuito que le llevaba a Zuera regresé a casa. De mi mente se habían borrado los atentados, que renacieron al día siguiente a través de la prensa y la TV.

El lunes tuve una muy buena noticia. La sentencia del juicio de Soria, que me llega por correo urgente. Victoria con costas, que me imagino que será recurrida por la parte contraria.
También me llega una sentencia de divorcio que coincide con que la la señora esta dando a luz: en vez de pan este niño le ha traído un divorcio debajo del brazo.

El martes, toda la familia de Miguel viene a firmar los documentos notariales de la herencia de mi amigo.

También cierro otro asunto definitivamente, ¡y lo cobro!

¡Me ha pagado el Estado el tercer trimestre del año 2003 correspondiente a mi trabajo en el turno de oficio!

Aprovecho también para cambiar la titularidad del coche y ponerlo definitivamente a mi nombre.

El miércoles visito a mi pobre narco en la prisión de Zuera. Para quien no haya estado nunca, terminaré pronto diciendo que es exactamente igual que las de las películas, los locutorios con telefonillo, alambre de espino, puertas que se abren ante ti siempre y cuando se haya cerrado primero la de atrás. Jardineros esclavos que levantan un momento la vista de su azada para mirarte sin ninguna expresión. Arcos detectores de metales, cámaras. La diferencia con la pelis es que aquí no hay silla eléctrica ni cámara de gas.

Tras intentar animar sin mentir a mi cliente y decirle, no sin cierto embarazo, que para seguir debía de percibir al menos la mitad de mis honorarios, vuelvo a la libertad.

En el juzgado han desestimado mi primer recurso, y lo mantienen en prisión.

El jueves lo dedico a preparar dos juicios que esta semana, lunes y martes, me esperan.

Iré contando más cosas a medida que pueda.
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2 comentarios

Manolita -

Oye! Soy Manolita, la mujer de tur primo, y quiero decirte que si tan mal te lo pasas con nosotros celebrando el cumple de tu hijo, la próxima vez NO VAMOS, hala, y te chinchas y te quedas tú ahi, jolines

;-D
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Danuto -

Me he visto reflejado en lo del tío guay. Aunque soy más joven que tú (es de esperar) ya sé lo que es sudar como un cerdo con esos monstruitos inmisericordes.

Es fascinante la de cosas que estoy aprendiendo sobre los abogados y su vida que, al final, va a ser normal ;))

Un abrazo.
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